Repercusiones tras la derrota
La manzana podrida: intendentes del conurbano quieren a Máximo fuera del PJ

El titular del bloque del oficialismo en la Cámara de Diputados, Máximo Kirchner, ya no tiene consenso. (Dibujo: NOVA)

La dura caída del Frente de Todos en las elecciones del domingo pasado comenzó a generar las consecuencias esperadas y uno de los que está apuntado como responsable de la derrota es el titular del bloque del oficialismo en la Cámara de Diputados, Máximo Kirchner, al que los caciques del conurbano miraron siempre con desconfianza.

Máximo fue impuesto como presidente del PJ por Cristina Fernández, con el objetivo de proyectarse como un potencial candidato en territorio bonaerense, un escenario que salvo por algún distrito del conurbano, le viene siendo esquivo al kichnerismo de paladar negro.

Pero ahora los alcaldes peronistas, sobre todo aquellos que lograron un triunfo en sus distritos, aseguran por lo bajo que la caída en el acompañamiento de los vecinos a las boletas del Frente de Todos es “culpa” de la soberbia que impuso el hijo de la vicepresidenta.

“Con La Cámpora manejando los hilos vamos al peor escenario posible. Salimos a defender lo indefendible”, se quejaron varios intendentes durante una reunión convocada de apuro en uno de los distritos más populosos de la tercera sección, para abordar una posible salida a la crisis electoral y mejorar los números de cara a noviembre.

Con ese objetivo, también se aceleraron los contactos para poner un freno a la avanzada K en el PJ, y los intendentes más osados ya pidieron directamente la cabeza de Máximo después de las elecciones generales, cuando creen que se repetirá la debacle en las urnas.

Con ese fin, se preparan para repetir una de las estrategias que mejor conocen, la de fortalecer las candidaturas locales en desmedro de las seccionales y sobre todo las nacionales, de forma tal de dejar en claro de quién o quiénes son los votos en esta elección sin figuras sobresalientes en la lista del oficialismo.

Con eso creen que podrán dar una clara muestra de fuerza para forzar la salida del kirchnerismo del control del partido y recuperar el rumbo, aunque por el momento ninguno piensa en una “ruptura”, sino más bien en una salida ordenada e institucional, que reserve lugares para los dirigenes K, pero que los quite de la conducción.

Aunque las tensiones no son nuevas, ahora los jefes territoriales parecen haber recuperado la confianza y se preparan para una nueva batalla, confiados en que los números del domingo fueron lo suficientemente contundentes como para demostrar que la construcción política que propone La Cámpora es garantía de derrota.

Nova

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